1 de junio de 2011
Liendre y piojo

Muchos son los mitos y creencias que rodean a los piojos y algunos nos pueden dificultar hacer frente a un posible contagio o a su prevención. Varios ya fueron ‘despiojados’ en el post anterior en el que conocíamos al enemigo.

Comenzamos con uno los más comúnmente aceptados. Lejos de lo que se piensa, estos insectos no tienen prevalencia por el pelo sucio. De hecho, al contrario, y se explica por el simple instinto de supervivencia y reproducción de todo ser vivo. Los piojos prefieren el pelo limpio porque les facilita alcanzar antes el cuero cabelludo para comenzar a alimentarse y depositar sus huevos (liendres).

Por mucho que nos cueste reconocerlo, los piojos son un problema social habitual. Tanto es así que, junto con el resfriado común, es una de las enfermedades más contagiosas, según la Asociación Española de Pediatría. Los piojos, no obstante, no son exclusivos de los niños. Todos, todos, todos, podemos ser contagiados. Estos pequeños insectos no entienden ni de edades, ni de clases sociales… Si bien, es cierto que los niños de 3 a 10 años, son los más susceptibles de infestación y las probabilidades decrecen con la edad debido a los cambios de conductas y las formas de relacionarnos.

Pero ojo, que ni vuelan ni saltan, no tienen alas y sus patas no están preparadas para saltar. El contagio se produce por contacto directo, bien con una persona infestada o por compartir utensilios de uso para la cabeza, como gorras, diademas, peines… (pero ya hablaremos más detenidamente del contagio en otro post).

Por último, merece la pena aclarar que los animales de compañía no transmiten piojos, puesto que estos sólo pueden vivir en el cabello de los seres humanos. Por tanto, no vale echarle la culpa al perro o al gato si nos hemos contagiado. ¡Ah! Ni al sofá u otros muebles, ¡los piojos no pueden sobrevivir más de dos días fuera del cabello humano!